La alcaldesa del municipio de Llucmajor ha anunciado al Ministerio de Hacienda que piensa subir la recaudación del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) en un 41%. Un hecho que puede parecer lógico si nos encontramos en un caso de endeudamiento extremo. Sin embargo, estamos en el caso contrario, Llucmajor es un municipio con deuda cero y un remanente de tesorería de más de 44 millones de euros (más del 90% respecto a los ingresos presupuestados de 2023).
En este artículo, como economista, además de concejal en dicho Ayuntamiento conocedor de primera mano de lo que ocurre, os ilustraré sobre lo que está ocurriendo y la salvajada económica que pretende hacer la alcaldesa.
¿Cómo hemos llegado aquí?

Lo primero de todo es saber el origen de las cosas, ya que esta situación no ha venido de la nada, hay una historia detrás que merece ser contada.
Si sois de Llucmajor y esta parte ya os la sabéis, siempre podéis bajar hasta leer el siguiente apartado. Aunque creo que os vale más la pena leerlo, quizás os encontréis alguna que otra sorpresa.
La «época dorada»

Partiendo de datos disponibles, denominaremos «La época dorada» a lo que era la gestión del Ayuntamiento desde 1996 hasta 2008.
El Ayuntamiento funcionaba, daba los servicios públicos y estaba en constante crecimiento. Pensad que en 1996 en el municipio había 20.445 personas, y que al cierre de 2008 eran 35.092 (un aumento en menos de 10 años del 71% de la población).
Lo mismo ocurría económicamente, en 1996 el presupuesto liquidado de gastos era de 11 millones de euros, y en 2008 fue de 35 millones, un crecimiento del 218%). Ahora bien, no pensemos que estos gastos se sufragaban enteramente por los recursos públicos, el Ayuntamiento entre los años 2002 y 2008 acumuló deuda pública, siendo ya preocupante la situación (en 2002 era de 15 millones de euros, y en 2008 ya era de 33 millones).
Esta «época dorada» estuvo marcada por el crecimiento económico, que permitió al Ayuntamiento expandirse y crecer en servicios, y que vino marcada en especial por el boom inmobiliario. Para que os hagáis una idea, entre el año 2000 y 2008 se otorgaron un total de 2.210 licencias de obra mayor, siendo una media de 246 licencias por año (casi un 400% mayor que la media actual de los últimos 9 años).
Pero esta época de construcción que nutría las arcas públicas no podía durar eternamente, y en 2007 estalló la crisis financiera en Estados Unidos. Una crisis que se extendió mundialmente y en España se agravó, sobre todo, por la crisis inmobiliaria.
Sigue la fiesta pese la crisis

La onda de expansión de la crisis económica impactó contra el Ayuntamiento de Llucmajor. Es aquí donde empiezan los problemas económicos serios.
Como os decía anteriormente, el Ayuntamiento cerró 2008 con una deuda pública de 33 millones de euros. Una cifra monstruosa para su capacidad económica de entonces. Por tanto el Ayuntamiento se nutría de préstamos por un lado y de los ingresos de las licencias de obras y el crecimiento del municipio por otro. Ese equilibrio se rompió con la crisis económica del 2008.
En primer lugar, las licencias de obra cayeron al haber quebrado el sector inmobiliario. De golpe millones de euros dejaron de entrar en las arcas públicas y el gobierno del Partido Popular (PP) de entonces optó por mantener los gastos igual, esperando si milagrosamente se acababa la crisis.
Para que os hagáis una idea de la caída inmobiliaria, basta ver nuevamente las licencias de obra. Si la media de 2002 a 2008 fue de 246 cada año, la media de 2009 hasta 2013 fue de 58 licencias cada año (una caída del 76%).
En cuanto a la deuda pública, ante la falta de acción del gobierno municipal en reconfigurar el presupuesto y mantener la situación sin cambios, ésta se disparó de los 33 millones de 2008, hasta los casi 54 millones en 2012. La deuda superaba ya el 100% del presupuesto del Ayuntamiento, una situación de quiebra total.
Cabe destacar que en esta etapa de fiesta, fue cuando el gobierno municipal subió el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) el año 2008 un 46%, respecto al año anterior, y que se hizo una revisión catastral que incrementó el valor de todos los terrenos del municipio, aplicando una recaudación mayor. Un hecho que fue tan criticado por los vecinos, que tuvieron que revertir (con matices) en 2009, trasladando la mayoría de la subida a los edificios de características especiales y a la zona rural.
De vivir la «época dorada» haciendo encajes de bolillos entre préstamos y los ingresos por el boom de la construcción, se pasó a vivir cinco años de fiesta pese a la crisis. Gastando dinero que el Ayuntamiento no tenía y que le tocaría a todos los vecinos pagar en el futuro. Algo que ocurriría más pronto que tarde.
La resaca tras las fiesta

A principios del año 2012, el gobierno estatal aprueba la Ley orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (comúnmente llamada «Ley Montoro», en referencia al Ministro de Hacienda). Dicha norma buscaba poner fin al gasto descontrolado y el endeudamiento que estaban teniendo todas las Administraciones Públicas, hecho que a día de hoy se ha logrado en gran medida.
Volviendo a Llucmajor, esto rompía los esquemas del plan del PP que gobernaba en ese momento: ya no podía mantener los servicios públicos en base a préstamos y más préstamos. La fiesta se había terminado y ahora tocaba vivir la resaca.
Dicha resaca se tradujo en recortes para hacer frente a los casi 54 millones de euros de deuda. Lo que a su vez se tradujo en el empeoramiento de la calidad de vida de los vecinos de todo el municipio.
Eso sí, el gobierno municipal aplicaba los recortes con gusto pues se puso de moda echar la culpa a Madrid por la Ley en cuestión. Frases como «nos obliga la Ley Montoro» y «Culpa a Madrid» sirvieron para tratar de tapar la mala gestión económica que durante años había llevado el PP en este Ayuntamiento. Porque seamos claros, el no haber planificado la gestión económica corresponde, como bien indica la Ley, al alcalde del Ayuntamiento y a su concejal de economía (en caso de haberlo delegado).
El electoralismo y el gasto para ganar votos en las elecciones, con tal de mantener al PP de Llucmajor en la cúpula de poder fueron el verdadero mal que hundió las cuentas públicas del Ayuntamiento de Llucmajor, y cuyas consecuencias pagaron los vecinos.
Y con esta situación, con el fin de vivir de préstamos el Ayuntamiento y la obligación de tocar la realidad con recortes, se redujo de 2013 hasta 2015 la deuda hasta los 35 millones de euros (una bajada del 35%).
La pérdida de los servicios públicos a raíz de los recortes le costaría el gobierno al PP, que llevaba décadas de gobierno sin rival.
Cae el PP, pero su gestión prosigue

En mayo de 2015 el PP de Llucmajor sufrió su primer varapalo electoral. Pasaron de tener la mayoría absoluta (tenían 12 de los 11 concejales necesarios) a únicamente 8. En cambio la coalición electoral de MÉS per Mallorca y el partido Proposta per les Illes (Pi) duplicaron sus escaños (sumaban 3 en 2011 y pasaron a sumar 6 en 2015). Ese aumento de concejales a dichos partidos les facilitó formar la mayoría necesaria con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y formar un tripartito.
Todo el mundo esperaría que el nuevo tripartito rompiera con la gestión del gobierno anterior, pero la realidad fue distinta tal y como indican los datos. Ya no había PP, pero su gestión de recortes continúo con frases como «la herencia recibida» (también volvía a asomar la excusa de que «Madrid nos obliga»).
De 2015 a 2019 la deuda pública fue liquidada totalmente (en apenas 4 años pagaron los 35 millones que quedaban de deuda pública). Para tal fin, el gobierno municipal destinó más dinero del presupuesto a cumplir con el pago de deuda que el PP en la legislatura anterior. Esto viene a significar que este nuevo tripartito recortó más que el gobierno anterior.
Atendiendo a los datos de ingresos y gastos liquidados de 2015 a 2019 contemplamos que efectivamente la recaudación efectiva siempre fue superior al gasto, teniendo un superávit estructural que ha rondado entre 7 y 9 millones de euros desde este momento. Por ser cautos, haremos referencia a que el superávit ha sido de 7 millones.
Pero claro, ahora viene la pregunta: ¿qué opinaban los vecinos de Llucmajor de que el nuevo gobierno recortaba más que el anterior y que los servicios públicos seguían siendo deficientes? Pues no se lo tomaron para nada bien, y el tripartido perdió el poder tras estar 4 años gobernando.
Ya no hay deuda, pero siguen los recortes

En mayo de 2019 los partidos MÉS y Pi perdieron los escaños ganados en 2015. El PSOE logró mantener sus 5 escaños, y superó al PP en votos. El PP sufrió la debacle electoral al perder 3 escaños más ante la irrupción de otros partidos políticos en el Ayuntamiento: Ciudadanos (Cs), Vox y LLIBERTAT LLUCMAJOR.
Tras negociaciones, el PP logró nuevamente la alcaldía en un gobierno en minoría pero con un compromiso firmado con Cs, ASI y LLIBERTAT LLUCMAJOR para poner fin a la política de recortes y destinar el superávit estructural en los servicios públicos que estaban siendo deficientes.
12 meses después de las elecciones, el PP rompió ese acuerdo integró a Vox y al Pi en el equipo de gobierno y retomó las políticas de recortes pese a tener deuda 0. Un hecho que sorprendió a todo el mundo, pues ya no había necesidad de ello.
A inicios de 2019 el Ayuntamiento tenía un remanente de tesorería de 12,5 millones de euros. A finales de esta nueva legislatura del tetrapartito de PP-CS-VOX-ASI-Pi, dicho remanente de tesorería subió hasta superar los 44 millones de euros.
Por tanto, la media anual de superávits acumulados que no se invirtieron fue de 7,8 millones de euros.
Tras otros 4 años de gestión de recortes, donde cogieron las tijeras partidos como Cs y Vox, que no habían gobernado antes en este Ayuntamiento, llegaron las elecciones y algunos se esfumaron de la vida política.
El partido Cs, junto al Pi y Unidas Podemos (UP), desaparecieron del Ayuntamiento, y únicamente tres partidos con representación lograron subir en votos: el PP (que recuperó 2 de los concejales perdidos en 2019), Vox (que ganó 1 concejal más) y LLIBERTAT LLUCMAJOR (que se quedó a 21 votos de ganar 1 concejal más).
Con esta situación, el PP revalidó gobierno con sus socios de 2019, haciendo un nuevo tripartito PP-VOX-ASI. ¿Os sorprende si os digo que desde el primer día han aplicado la política de recortes que llevan años haciendo? claramente no a estas alturas.
¿Por qué quieren subir impuestos en 2025?

Con el apartado anterior ya tenemos un buen resumen de cómo hemos llegado a la actualidad, a 2024. El gobierno actual formado por PP, VOX y ASI plantean ahora subir el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) un 41% para el año 2025. Eso es lo que han notificado al Ministerio de Hacienda.
Ahora estaréis pensando, ¿para qué demonios quieren subir impuestos si ya tienen un superávit de 7 millones de euros cada año? pues para entender el absurdo motivo que hay detrás de esa subida de impuestos, antes tenemos que entender una serie de conceptos que os explico a continuación.
El presupuesto anual

En primer lugar, hablemos del presupuesto anual del Ayuntamiento y sus órganos dependientes. Dicho documento es el más importante que ha de aprobar el Ayuntamiento antes de empezar el año al que hace referencia. En él se deben recoger todos los ingresos esperados y los gastos que harán con ese dinero.
Desde la implementación de la llamada «Ley Montoro» el presupuesto está sujeto a unas reglas llamadas «reglas fiscales».
- En primer lugar, los gastos no pueden superar los ingresos.
- En segundo lugar, hay una regla de gasto que estipula cuánto puedes gastar en base al crecimiento del presupuesto año tras año.
- En tercer lugar, en caso de haber superávit, éste debe destinarse a pagar deuda primero.
Es lógico que el Ayuntamiento no pueda gastar más de lo que ingresa. Al final es una norma que toda persona en su casa debe aplicarse si quiere tener unas finanzas sanas y no entrar en la senda del endeudamiento y la mala vida. Esto implica que para cualquier aumento de gasto debe haber también un aumento de ingresos, o una bajada de otro gasto para compensar.
Tengamos en cuenta que el presupuesto debe recoger los ingresos que tendrá, en especial los de carácter estructural (como el IBI, la Tasa de Basuras, etc.) que saben por padrón que siempre lo ingresan, y los destinos (gastos) que tendrá cada año (sueldos de los empleados públicos, contratos de servicios y gestión de las empresas privadas con el Ayuntamiento, etc.).
Desde 2013 se han aplicado las tres reglas, y de esta manera se ha destinado cualquier superávit a pago de deuda. Pero desde 2019 no hay deuda, por lo que esa media de 7 millones anuales se han ido acumulando en otra figura económica denominada remanente de tesorería.
El remanente de tesorería

Desde 2019 el Ayuntamiento ha ido engordando el remanente de tesorería. Una figura que sirve de «cajón» donde guardar el dinero que sobra (superávit) de las liquidaciones de los presupuestos de años anteriores.
La legalidad vigente dice que para hacer uso de ese dinero hay que aprobar proyectos denominados Inversiones Financieramente Sostenibles (IFS), por lo que no se pueden destinar a cualquier cosa como uno podría pensar. Hay un procedimiento previo que alarga el tiempo de ejecución y hay también unas limitaciones por conceptos.
Pero no os penséis que las limitaciones sean graves, en realidad elementos básicos y necesarios como asfaltar calles, mejorar infraestructuras, comprar maquinaria y equipos, y mejorar asuntos como la red de alcantarillado entran en las IFS.
Pese a ello, en 2020 con la crisis sanitaria del COVID-19, se anularon parte de las reglas fiscales y se liberó el uso del remanente para cualquier gasto general del Ayuntamiento. Es aquí donde se abrieron las puertas a poder hacer uso de todo el dinero del remanente para cualquier gasto que el gobierno municipal quisiera hacer. Para sorpresa de nadie, el Ayuntamiento de Llucmajor no hizo un uso real de esta oportunidad y ahora en 2025 se encuentra sujeto a las limitaciones de las IFS de nuevo.
Lo que está claro es que hay muchas partidas de inversiones que pueden hacerse con el remanente de tesorería si se hace con cabeza y con mucha planificación.
Con lo anterior claro, ya tenemos la foto general hecha. El Ayuntamiento cada año no ejecuta la totalidad de su presupuesto e incluso ingresa de más, con eso genera un superávit de unos 7 millones de euros anuales y ese dinero se va al remanente de tesorería a coger polvo.
Si uno sigue los plenos municipales de Llucmajor, verá que en cada pleno se aprueban cientos de miles de euros de uso para el remanente de tesorería, pero como luego no se hacen se vuelven al cajón a coger polvo.
Yo esto lo llamo hacer el helicóptero con el dinero público: aprueban el uso del dinero, lo meten en el presupuesto con una modificación de crédito, venden en la prensa los políticos de turno que están invirtiendo mucho, y luego sorpresa: termina el año y el dinero no se ha usado y vuelve al remanente. Actualmente hay cerca de 20 millones de los 44 de remanente que están «comprometidos» (que se ha aprobado la intención de gastarlos, se han metido por modificación al presupuesto en vigor pero no se han gastado y al terminar el año volverán al remanente).
No se invierte la totalidad del presupuesto y aún así quieren subirlo

Y llegamos al punto clave, ¿por qué quiere la alcaldesa de Llucmajor y su gobierno subir la recaudación del IBI un 41% si tienen todo ese dinero y superávit?
Pues la respuesta oficial del Ayuntamiento es que lo hacen para sufragar con ingresos estructurales los gastos estructurales que tendrá el Ayuntamiento en el futuro porque esperan adjudicar contratos que están ya caducados y cubrir la subida salarial de los empleados públicos que ha venido impuesta desde Madrid.
Pero claro, aquí viene el problema: si actualmente no están haciendo uso del total del presupuesto, ¿de verdad se creen que le darán uso a los nuevos ingresos? claramente no.
Si se aplica una subida de la recaudación, sobre el papel podrán subir la partida de gastos para así justificar ante la prensa y los votantes que «invierten más», pero la realidad será que recaudan más, aumenta más el superávit y el remanente se seguirá inflando para coger polvo eternamente en una cuenta bancaria.
Llucmajor lleva ya más de una legislatura con superávit y sin deuda y tiene sus presupuestos inflados al incluir proyectos que nunca se ejecutan. A esos presupuestos inflados se le suman más proyectos que no se ejecutan vía remanente, y con eso la bola sigue rodando haciéndose cada vez más grande pero sin dar soluciones.
En el presupuesto de 2024, el gobierno municipal infló la recaudación del Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO) para así justificar una subida hasta los 50 millones de euros el presupuesto de gastos. Los servicios técnicos alertaron en sendos informes de que la partida estaba inflada y no se recaudaría ese dinero. A fecha de este artículo (02/10/2024) constato que no se ha recaudado y los técnicos acertaron.
Como contestación a este problema de descuadre en el papel, la Alcaldesa planea subir el IBI ese 41% para 2025. Por tanto, la subida es por capricho político, por no querer aceptar que no están gestionando bien, y por falta de ganas reiteradas en varias legislaturas, de querer hacer una gestión completa e integral del Ayuntamiento y su presupuesto, partida por partida.
La solución es reestructurar el presupuesto, no subir impuestos

La solución para este problema, que cada año se hace más grande, es reestructurar el presupuesto para eliminar todas las partidas que siempre quedan sin ser utilizadas porque son proyectos fantasma. De esa manera poder destinar ese superávit estructural a las partidas estructurales de gasto que sí deben ser financiadas.
Acto seguido, todos los proyectos de inversión y renovación de equipos e infraestructuras deben sufragarse a través del remanente de tesorería.
Suena fácil, pero no lo es tanto. Requiere de estar encima del presupuesto y hacer un estudio profundo partida por partida de un documento que planea el funcionamiento del Ayuntamiento y sus órganos dependientes a lo largo de todo el año. Para una tarea así es necesario que un equipo de profesionales esté supervisando y gestionando el Ayuntamiento. Algo que actualmente, a la vista de que no existe ni un economista en el equipo de gobierno de Llucmajor, es totalmente imposible.
Aplicando una gestión constante e integral, se evitaría subir impuestos y se mejorarían los servicios públicos de cara a los vecinos del municipio de Llucmajor.
En referencia a los datos económicos que he ido citando en este artículo, las fuentes son el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Ministerio de Hacienda, el IBESTAT y el Ayuntamiento de Llucmajor.


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